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martes, 26 de julio de 2011

EN EL TALLER DE POESIA ESTAMOS VIENDO A ALEJANDRA PIZARNIK

CARTA DE JULIO CORTAZAR A ALEJANDRA PIZARNIK


El 25 de septiembre de 1972 Alejandra Pizarnik o Flora Posharnik (su verdadero nombre), se suicidó tomando 50 pastillas de un potente somnífero. Un año antes, el escritor Julio Crotázar, a quien había conocido en París, le envía esta carta ya que en junio de 1971, la escritora había intentado matarse pero se salvó gracias a un lavado gástrico.

La poeta llegó a esta decisión debido a una depresión que tenía desde niña. Antes había escrito: “Dediqué mi vida a la poesía y ahora descubro que la poesía no le importa a nadie”. Antes de tomarse las pastillas ella escribió en una pequeña pizarra lo siguiente: “No quiero ir nada más que hasta el fondo”.

Esta es la carta:

París 9 de septiembre de 1971

Mi querida, tu carta de julio me llega en septiembre, espero que entre tanto estás ya de regreso en tu casa. Hemos compartido hospitales, aunque por motivos diferentes; la mía es harto banal, un accidente de auto que estuvo a punto de. Pero vos, ¿te das realmente cuenta de todo lo que me escribís? Sí, desde luego te das cuenta, y sin embargo no te acepto así, no te quiero así, yo te quiero viva, burra, y date cuenta que te estoy hablando del lenguaje mismo del cariño y la confianza –y todo eso, carajo, está del lado de la vida y no de la muerte. Quiero otra carta tuya, pronto, una carta tuya. Eso otro es también vos, lo sé, pero no es todo y además no es lo mejor de voz. Salir por esa puerta es falso en tu caso, lo siento como si se tratara de mí mismo. El poder poético es tuyo, lo sabés, lo sabemos todos los que te leemos; y ya no vivimos los tiempos en que ese poder era el antagonista frente a la vida, y ésta el verdugo del poeta. Los verdugos, hoy, matan otra cosa que poetas, y ano queda ni siquiera ese privilegio imperial, queridísima. Yo te reclamo, no humildad, no obsecuencia, sino enlace con esto que nos envuelve a todos, llámale la luz o César Vallejo o el cine japonés: un pulso sobre la tierra, alegre o triste, pero no un silencio de renuncia voluntaria. Sólo te acepto viva, sólo te quiero Alejandra.

Escríbeme, coño, y perdoná el tono, pero con qué ganas te bajaría el slip (¿rosa o verde?) para darte una paliza de esas que dicen te quiero a cada chicotazo.

Julio.

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