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lunes, 19 de marzo de 2012

escrito por Bea para el taller de locura

UNA OBSESIÓN
Me llamo Reza.
Una atroz guerra civil en Oriente Medio obligó a mis padres a dejar su tierra natal y ser trasladados por la Cruz Roja Internacional a un campo de refugiados. Solo pudieron llevar consigo algunas pertenencias. La tierra que habitaban fue literalmente devastada y asolada.
-El horror lo envolvió todo, me contarían años después.
En los campos de refugiados hay escasez de alimentos, faltan medicinas para las enfermedades más típicas, la malaria y el cólera, pero sobre todo hay carencia de agua limpia y segura para beber, asearse o preparar los alimentos.
Los camiones cisternas la traen y depositan en los tanques distribuidos a lo largo del campamento. Cada tanque tiene un solo grifo y las colas y las tensiones son inevitables.
Allí nací y crecí hasta los diez años en que fuimos trasladados a otra ciudad un poco más segura, donde el gobierno de turno nos dio lo mínimo para recomenzar: una vivienda precaria y un trabajo inestable para mi padre.
Pude continuar mis estudios con dificultad. Lo aprendido en el campamento no era de nivel suficiente para mi nueva escuela, pero puse basta empeño y logré terminar los cursos necesarios que me permitieron entrar a la universidad y cumplir un sueño.
Me gradué a los 25 años con honores en Ecología Ambiental.
Hoy recorro el mundo dando conferencias sobre lo que es mi especialidad: el uso racional del agua y como reutilizar recursos que se desperdician.
La vida en el campamento, a pesar de su dureza, dejó en mi vida un balance positivo y una fuerte obsesión: no puedo derrochar ni una gota de agua; líquido definido como incoloro, inodoro e insípido pero tan vital para el ser humano.
Marzo 2012

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